Descubriendo la esencia de Expedición Polar

Hay experiencias que te remueven las entrañas y Álvaro es capaz de crear esa magia en todo lo que hace.

Cuando sigues su trabajo, lo que llama la atención no son simplemente las fotos, sino lo que transmiten, la vivencia y emociones que se aprecian detrás de esas imágenes, que quedarán como testigos eternos de un momento inolvidable. Esa una de sus máximas: que tus fotografías te vuelvan a transportar a ese momento y a ese sentimiento.

Álvaro y sus clases en las Bardenas.

Álvaro y sus clases en las Bardenas.

Y, sabiendo estas premisas, llegué por primera vez a una de sus expediciones, tras una pequeña toma de contacto de lo que se crea a su alrededor en el Inspira. Llegué a Bardenas con una amiga y coincidió que también estaban dos chicas que conocí en Siurana, pero por lo demás, estábamos con un grupo de desconocidos, en un alojamiento dentro de unas cuevas y sin saber muy bien lo que nos íbamos a encontrar.

Eso no fue ningún problema. Tras una primera noche de toma de contacto, cena, y primeras nociones básicas sobre fotografía, fuimos a dormir pronto ya que Álvaro nos convocaba bien prontito de madrugada, para que nos diera tiempo a llegar al punto elegido de Bardenas antes de que saliera el sol.

Con lo que me gusta dormir, pensaba que no aguantaría todo el día, pero fue montarnos en el coche, llegar al lugar, y empezar a tener todo tipo de sensaciones a cada cual más increíble que nos hizo olvidarnos del sueño.

Tras las primeras fotos del amanecer, fuimos a Castildetierra (uno de los puntos más conocidos) y el tiempo nos regaló un arcoíris doble; hicimos una ruta, en la que al final aparecieron unos juncos que nos volvieron locos jugando a hacer fotos entre ellos; fotos del atardecer a la vuelta corriendo por diferentes lomas para buscar el mejor punto de vista… Todo buenas excusas para que Álvaro vea lo que atrae a la gente e improvise unos buenos consejos para mejorar esas tomas.

Tras ese magnífico día y una suculenta barbacoa cocinada a la luz de un frontal, la timidez inicial frente a un grupo de desconocidos daba paso a un ambiente y buen rollo que quitaban las ganas de que la noche acabase. Pese a ello, pocos fueron los valientes que acabaron saliendo a fotografiar estrellas; al día siguiente tocaba otro madrugón. El que no faltaba, que no se qué tipo de pilas lleva, era Álvaro.

Y el domingo, con el ambiente ya caldeado entre el grupo, dio de sí para más fotos del amanecer y compartir unos momentos finales en los que Álvaro nos explicó su trabajo.

Tras esta experiencia, puedo decir que somos muchos los que nos mueve algo más, los que la rutina diaria del trabajo, los mismos sitios, las mismas actividades, etc, nos hacen que nos falte algo. Necesitamos lo más simple, que es vivir con mayúsculas disfrutando de las cosas más pequeñitas: un amanecer o atardecer, lugares preciosos, una barbacoa con amigos, correr por la naturaleza, disfrutar del mar o las montañas... Esa es la esencia de Álvaro Sanz, y lo que mueve a los locos que le siguen. Por eso, un fin de semana de expedición con él y el grupo que se forma se convierte en algo mágico.

Las chicas contentas con su resultado.

Las chicas contentas con su resultado.

Algo te cambia, la forma de ver el mundo y de disfrutar de detalles simples que están ahí, pero que en la rutina diaria muchas veces somos incapaces de apreciar. Es un pararte, desconectar del mundo, y conectar con tu yo más auténtico que te hace mirar más bonito. De esta forma, es como realmente consigues alinear cabeza, ojo y corazón a través de tu cámara, como decía Cartier-Bresson.

Si buscas un curso de fotografía al uso, esto no es para ti. Pero si quieres disfrutar al máximo con la fotografía como excusa, sin saber de horarios, solo dejándote sorprender, busca una de sus expediciones.

Yo, de momento, repito pronto en las Cíes con muchas ganas de más.

Gracias Expedición Bardenas.

Lorea Fuertes

Texto y fotografías

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